[Comboanálisis] ‘They Live’ (1988)

Título OriginalThey Live

Otros títulos:  Están vivos (España) Viven (Hispanoamérica)

Director: John Carpenter

Guión: Ray Nelson (relato original) John Carpenter

Productora: Alive Films, Larry Franco Productions

Reparto: Roddy Piper, Keith David, Meg Foster, Raymond St. Jacques, Peter Jason, Sy Richardson, George Flower

Año: 1988

Los años 80, así como las postrimerías de los 70 y los albores de la década siguiente, fueron un periodo extraordinariamente prolífico a nivel cinematográfico, en particular de las grandes producciones de los géneros de acción y ciencia-ficción. Fue entonces cuando aparecieron largomentrajes que vinieron a inaugurar y/o consolidar las que a la postre se erigirían como grandes sagas, hasta el punto de que a día de hoy el cine comercial continúa, en parte, viviendo de las rentas de entonces. Fue el momento de películas de la talla de Star Wars (1977), Alien (1979), Terminator (1984), Robocop (1987), Predator (1987) y un larguísimo etcétera.

No había duda que las peleas, los disparos y los extraterrestres estaban de moda, pero también tuvieron su correlato en ese otro tipo de cine más independiente, a menudo catalogado de “serie B”, de un presupuesto mucho más limitado, con lo que ello conlleva en los medios para llevarlas a cabo, pero no necesariamente falto de originalidad, talento y buenas ideas. En particular, voy a hablar de They Live (1988), conocida como Están Vivos en España o Viven (una traducción bastante más exacta) en América Latina. Este filme, basado en el libro Eight O’Clock in the Morning, de Ray Nelson, fue dirigido por Jonh Carpenter, un director de probada experiencia tanto en el género de terror, thriller y ciencia-ficción con obras como Halloween (1977) o The Thing (1982), que queda patente en el presente metraje, y fue protagonizado por el luchador profesional canadiense Roddy Piper, recientemente fallecido (el 31 de julio, sin ir más lejos) a los 61 años de edad. Con motivo de ello, desde aquí le haremos un pequeño homenaje a través de la presente reseña conjunta.

Ellos viven, nosotros dormimos

La historia gira en torno a Jonh Nada, un trabajador que de la noche a la mañana perdió su empleo como consecuencia de los despidos masivos que siguieron a la crisis económica que azotó Estados Unidos a finales de los ochenta, y se vio forzado a convertirse en un vagabundo, recorriendo el país buscando un trabajo a toda costa. Después de ser despachado fríamente por una funcionaria que parecía mostrar total indiferencia por las penurias de quienes frecuentaban la oficina de empleo, tuvo un golpe de suerte al ser contratado como peón de construcción en una obra en la que no rechazaron sus servicios. Fue particularmente bien recibido por Frank Armitage (Keith David), quien se convirtió en su compañero de profesión tras ser aceptado en el puesto, y como tal le ofreció alojamiento en un descampado en el que habían levantado un modesto e improvisado campamento para personas sin hogar.

John y Frank se hacen amigos rápidamente
Frank ayuda a John en esta nueva etapa de su vida

La actitud de Jonh nunca había pasado de la serena resignación, y tras encontrar un sitio para trabajar y para vivir parecía darse por satisfecho, a pesar de que su situación no fuera precisamente un retiro de verano. Cuando su amigo Frank se quejaba amargamente del lujo de los ricos a costa de su miseria, se mostraba confiado en el sistema y en su capacidad para salir adelante. A pesar de todo, su apatía no era tan grande como para haber perdido por completo su sentido de la curiosidad. Cuando observó sospechosos vaivenes del personal de una iglesia situada justo en frente de su poblado, decidió investigar y se encontró con una escena todavía más extraña y desconcertante. Los “coros” que entonaban canciones religiosas no eran tales, sino que eran emitidos por un aparato de radio, y el recinto estaba lleno de extraños artilugios electrónicos. Aún más curioso fue el hallazgo de unas gafas de sol, lo más “normal” que podría haber hallado en el recinto, ocultas en la pared. A todas luces, esa iglesia parecía una tapadera de algún tipo de actividad clandestina, pero no tuvo tiempo de saber más, puesto que se vio obligado a salir precipitadamente al ser descubierto.

John en plena investigación
John en plena investigación

Esa misma noche, su campamento fue desmantelado por la fuerza por unidades antidisturbios de la policía. Las chozas fueron arrasadas por grandes excavadoras y los que se resistieron recibieron una brutal paliza, en particular el reverendo de la iglesia (Raymond St. Jacques), quien ya tuvo problemas con las autoridades cuando denunciaba públicamente que “Ellos nos tienen controlados desde que nacemos hasta que morimos” y hacía llamamientos a la gente a “despertar”. Poco después, nuestro protagonista, que se las había arreglado para ocultarse durante la operación policial, constató que todo el equipo que se encontraba en la iglesia había desaparecido, por lo que parecía tratarse de algo más que de una simple redada contra los mendigos. Afortunadamente, parece que no habían reparado en las gafas que había encontrado el día anterior, de modo que carga con la caja que las contiene para después ponerse unas y tirar el resto a un cubo de basura. Esta acción, intranscendente sólo en apariencia, constituye el gran punto de inflexión de la película.

Nada más ponerse las gafas, notó que su visión se alteraba mucho más de lo que cabría esperar, pasando de una visión cromática a una en blanco y negro. A juzgar por sus gestos, esto fue acompañado de dolores de cabeza. Sólo era el principio. Acto seguido vio que los numerosos carteles publicitarios que atestaban la vía pública no eran lo que parecían. Bajo las imágenes y eslóganes se podía leer con plena claridad frases concisas, contundentes e impactantes: “consume”, “compra”, “obedece”, “sométete”, “no pienses”, etc., acompañado de señales de sonido de baja frecuencia que entonaban continuamente, como si de una monótona cantinela se tratara, el imperativo “duerme”. Estos mensajes subliminales y adormecedores estaban en todas partes, incluyendo los periódicos y revistas y, por supuesto, en el dinero, cuya verdadera inscripción era “este es tu dios”. Por si esto no fuera ya bastante alarmante, esas lentes prodigiosas sacaron a la luz que algunas personas tampoco eran lo que parecían, cuando el rostro ordinario de un hombre de negocios se transmutó bajo los cristales en una horrorosa calavera. Pero no sólo era él, parecía que mucha gente, especialmente la más pudiente, así como algunos agentes de policía y el mismísimo presidente de Estados Unidos, eran en realidad miembros de esa sobrenatural especie.

Las gafas muestran como es el mundo en realidad
Las gafas muestran como es el mundo en realidad

La verdad se le había revelado con toda su crudeza. Las élites políticas y económicas eran en realidad criaturas inhumanas y monstruosas, muy posiblemente llegadas de otro mundo, que dominaban a la humanidad de forma incruenta a través del control mental de los mensajes subliminales, y cuya secreta técnica también les permitía ocultar su verdadero aspecto a la población. A raíz de esa convicción, dejó de ser el pacífico protagonista que conocíamos para convertirse en un “tipo duro” (tan habitual de los personajes del cine de acción) dispuesto a emprender su propia guerra contra estas “calaveras parlantes”.

Este es el principio del argumento de una película original y audaz en sus planteamientos, que nos brinda una combinación lo bastante funcional de diferentes géneros, estilos y enfoques. Ofrece dosis de suspense, que se hacen patentes tanto antes como después del encuentro con las calaveras, si bien va adquiriendo un cariz de cine de acción conforme van avanzando los minutos desde el desarrollo de dicho hito, hasta que se acaba imponiendo definitivamente a aquél. Por supuesto, la impronta de la ciencia ficción también se deja notar a partir de ese instante, y ofrece una salida un tanto fantasiosa, aunque, a mi parecer, no exenta de alegorías y simbolismo, de problemas sociales de ayer y de hoy, expresados de forma convincentemente explícita: la marginalidad social y el desempleo endémicos en el capitalismo, reavivados durante sus crisis económicas, así como los mecanismos de alienación de masas, cuyo eje gravita en torno a una publicidad tan agresiva como subliminal.

Entre los humanos conviven secretamente estos seres
Entre los humanos conviven secretamente estos seres

Tanto el tratamiento de las secuencias (planos, puesta en escena, etc.) como el montaje es lo bastante acertado como para ofrecer una coherencia narrativa, y, en particular, exhibe sus bondades en el momento de reflejar el ambiente decadente y anodino en el que transcurre buena parte del principio del metraje, al tiempo que nos ofrece una gama de detalles lo bastante ricos como para que sea necesario más de un visionado. Sin duda esto se cuenta entre los puntos fuertes de la película, y compensan en buena parte bastantes de sus defectos.

Los efectos especiales adolecen de la falta de presupuesto, a la luz de su incapacidad de mostrarse mínimamente convincentes, haciendo plenamente palmaria esa sensación “casera” propia de este cine. En cuanto a las actuaciones, se encuentran lejos de ser estelares, aunque en este caso sí es posible aseverar que cumplen suficientemente con las necesidades del guion.

“He venido a mascar chicle y patear culos… y se me ha acabado el chicle”

La música, en la que participó el propio Carpenter, es sencilla en extremo, hasta el punto de reducirse a apenas un puñado de acordes, y juega un discreto papel en el filme como ambientación de fondo. Eso sí, cumple a la perfección a la hora de reforzar la atmósfera en los eventos a destacar, resaltando en concreto los ambientes decadentes e inquietantes.

Mención aparte merece uno de sus “puntos débiles” más notables, el ritmo desigual que marca el desarrollo de la historia, mostrando destacados altibajos que empañan su resultado final. Si el comienzo de la misma puede presumir de estar bien medido, tomándose su tiempo en sus escenas sin que por ello peque de parsimonia ni lentitud, otras se prolongan hasta extremos que rozan el ridículo (estoy pensando en la famosa escena de la pelea, que sin duda fue un extra para que Roddy Piper exhibiera sus habilidades en la lucha cuerpo a cuerpo), mientras que hacia el final de la película el ritmo asciende abruptamente, sin duda debido al predominio de la acción al que aludo más arriba, lo que repercute en situaciones resueltas algo precipitadamente.

OBEDECE
OBEDECE

They Live es, ante todo, un conglomerado de estilos e influencias que, sin haber sido hilvanados todo lo armónicamente que debieran, ofrecen un resultado lo bastante funcional como para merecer la pena. Si su relativamente escaso presupuesto se deja sentir en unos efectos especiales un tanto deficientes hasta para la época, y los rigores de los altibajos y del ritmo irregular de la acción terminan aquejándose, la excelente puesta en escena y su original y sugerente planteamiento compensan en buena parte dichas carencias. La atmósfera de los thriller, las escenas de acción cuyo centro de gravedad estriba en el tipo duro pertrechado únicamente con su rifle y sus gafas de sol; uno de sus escenarios más típicos y añejos del género de ciencia-ficción, la invasión por parte de habitantes de otros mundos; y la crítica social, centrada en la alienación consumista y en la lucha de clases intensificada durante la crisis económica, constituyen piezas de un rompecabezas que puede que no pueden ser ensambladas del todo bien, pero al menos ofrecen una estampa entretenida.

Calificación: 75

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Martín Fernández

Martín Fernández

They Live es bastante particular, pues intenta combinar la crítica social y las invasiones extraterrestres, con una típica película de acción protagonizada por “tipos duros”. En ninguno de los tres apartados sobresale rotundamente, pero la representación de la sociedad manipulada por mensajes subliminales me parece muy interesante, aunque en la película no se profundice demasiado sobre ello, para dar paso a los golpes y los disparos.

En general, me parece entretenida y disfrutable, vale la pena verla.

 

Calificación: 70

Géiser Rodríguez

Géiser Rodríguez

Están Vivos (They Live) es una brillante hipótesis crítica sobre un mundo alternativo relatado bajo las gafas de sol de un insípido, previsible y prototípico personaje de acción.

John Carpenter nos ofrece un filme de ciencia ficción reflexiva construida sobre una idea general muy ingeniosa, nos invita a recrear un mundo decadente donde nada es lo que parece; inmerso en una desigualdad social preocupante, en realidad ni los más ricos se libran del yugo de los seres que en verdad gobiernan. Un relato de como esos seres sojuzgan el primer mundo como estos mismos tratan al tercero.
Dura crítica al consumismo exacerbado llevada a cabo a través de una historia de acción que deja bastante que desear, repleta de personajes planos, vacíos y extremadamente crédulos y descuidados. El personaje de John Nada (el luchador canadiense, Roddy Piper) en concreto, está encantado de conocerse, es el protagonista y lo sabe, con su pelo en pecho y melena voluminosa se configura como el prototipo de macho americano de los 80 y ese será el rol que ejerza durante todo el metraje con una interpretación del todo desastrosa.
Se salva Raymond St. Jacques cuyo papel de predicador invidente crea un anhelo al pensar como hubiese sido la película si todos los personajes estuvieran tan bien traídos como él. No obstante cabe destacar la música creada por el propio Carpenter, que aunque repetitiva a más no poder otorga un punto canalla a la mayoría de las escenas en las que a pesar de estar habitadas por personajes planos y para olvidar, nos ha dejado algunas frases del todo inolvidables y para reflexionar.

Calificación: 65

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