[Análisis] ‘Laputa: El castillo en el cielo’

Título OriginalTenkū no Shiro Rapyuta

T. En EspañaLaputa: El castillo en el cielo

Director: Hayao Miyazaki Guión: Hayao Miyazaki

Producción: Isao Takahata, Toshio Suzuki

Reparto (voces): Keiko Yokozawa, Mayumi Tanaka, Kotoe Hatsui, Minori Terada, Fujio Tokita, Ichirô Nagai, Hiroshi Ito, Takumi Kamiyama.

Estreno: 15/10/2003 (España)

Continuamos con nuestro ciclo Studio Ghibli donde analizaremos la filmografía de los creadores de aclamadas películas de animación como Mi vecino Totoro o El castillo ambulante. Tras Nausicaä del Valle del Viento, la siguiente en orden cronológico es Laputa: el castillo en el cielo, la primera película realizada tras la fundación del estudio. Omitiremos el chiste fácil dada la naturaleza del nombre, que tuvo que ser cambiado en el primer doblaje español (2003) por Lapuntu debido a que se trataba de una película destinada al público infantil. Aún así mantienen el nombre original en algunos momentos de la película donde la palabra aparece por escrito. No obstante, en el segundo doblaje (2010) conservan el nombre original todo el tiempo por lo que se recomienda encarecidamente su visionado. Otorgando presunción de inocencia a Miyazaki, se dice que Jonathan Swift, escritor satírico irlandés autor de Los viajes de Gulliver, sabía perfectamente el significado peyorativo de esta palabra en castellano al incluirla en dicha novela a modo de mofa hacia la Royal Society. No se libró del brazo censor de los editores que a lo largo de la historia han ido otorgando diversos eufemismos para tan polémico nombre.

Paseé un rato entre las rocas; el cielo estaba raso completamente, y el sol quemaba de tal modo, que me hizo desviar la cara de sus rayos; cuando, de repente, se hizo una oscuridad, muy distinta, según me pareció, de la que se produce por la interposición de una nube. Me volví y percibí un vasto cuerpo opaco entre el sol y yo, que se movía avanzando hacia la isla. Juzgué que estaría a unas dos millas de altura, y ocultó el sol por seis o siete minutos; pero, al modo que si me encontrase a la sombra de una montaña. No noté que el aire fuese mucho más frío ni el cielo estuviese más oscuro. Conforme se acercaba al sitio en que estaba yo, me fue pareciendo un cuerpo sólido, de fondo plano, liso y que brillaba con gran intensidad al reflejarse el mar en él. Yo me hallaba de pie en una altura separada unas doscientas yardas de la costa, y vi que este vasto cuerpo descendía casi hasta ponerse en la misma línea horizontal que yo, a menos de una milla inglesa de distancia. Saqué mi anteojo de bolsillo y pude claramente divisar multitud de gentes subiendo y bajando por los bordes, que parecían estar en declive; pero lo que hicieran aquellas gentes no podía distinguirlo.

 Así describía por primera vez Swift, a través de los ojos de Gulliver, el emplazamiento ficticio de Laputa, una isla habitada cuya base era un diamante, capaz de volar gracias al magnetismo de un imán de proporciones colosales.

Alrededor de este lugar gira la historia de la película de Miyazaki, quien homenajea a la novela de culto escrita por el escritor irlandés. En cambio, pese a la precisión con la que el nipón ilustra la isla, no se trata de una adaptación ni mucho menos, en esta ocasión, el artista japonés solo coge el mencionado emplazamiento como eje central de una aventura de propia creación.

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Creado el estudio en 1985 tras el éxito de Nausicaä del Valle del Viento (1984) y siendo Laputa: El castillo en el cielo el primer filme post-fundación, podríamos calificarlo como una cinta de transición. Reuniendo un equipo formado por antiguos empleados de Topcraft (antecesora de Studio Ghibli), Toei Animation y Nippon Animation, se trataba de una cinta arriesgada debido a la gran inversión económica y a la adaptación de un staff completamente nuevo, pese a tratarse en su mayoría de viejos compañeros de trabajo.

Se nota bastante en la realización de la película, que sigue flaqueando en algunos aspectos en los también fallaba Nausicaä, aunque en este caso, el filme se aleja mucho más de la animación japonesa tradicional, así como vuelve a dirigirse a un publico más joven dándole un toque más infantil no exento de ser del gusto de espectadores más adultos.

En esta ocasión Miyazaki nos cuenta la historia a través de dos protagonistas. Por un lado Sheeta, una dulce niña portadora de un ansiado y misterioso colgante mágico. Por el otro Pazu, un pequeño huérfano, trabajador de un pueblo minero.

Bajo la custodia del funcionario gubernamental Moska, Sheeta, en un intento de escapar de la aeronave que la mantiene cautiva, cae cielo abajo hacia el pueblo de Pazu, quien la rescata y se convierte en su amigo incondicional y compañero de viaje en busca de la ciudad legendaria de Laputa. Un peligroso viaje perseguidos por el gobierno y los bandidos que aboga por valores como la amistad, el pacifismo o el amor por la naturaleza.

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Aunque la trama sigue poseyendo un trasfondo adulto y profundo, han sabido esconderlo muy bien entre descripciones más visuales que huyen del exceso de información de la película anterior del estudio. El espíritu reivindicativo no deja de estar presente en el argumento, planteando varias reflexiones de forma sutil que pasarán por alto los niños. El mundo, sin llegar a lo abstracto, se representa de una forma mucho más desdibujada, restando importancia a todos los escenarios en los que se desarrolla la aventura para centralizar la atención en la isla de Laputa. Se han esmerado en restar peso argumental a numerosos detalles atmosféricos para lograr un filme mucho más ligero, considerablemente más asequible para el público infantil.

Se nota el acercamiento al espectador pueril en casi todos los aspectos, prestando especial atención a los diálogos y situaciones cómicas y desenfadadas que transcurren durante todo el metraje, llevadas a cabo a través de recursos humorísticos, no solo típicos del anime, sino de la animación en general, notorio sobre todo en la gesticulación de los personajes.

En la disposición del elenco, todavía no llega ese Miyazaki de repartos casi corales llenos de personalidad. Los personajes pecan de planos y nada profundos, si bien el director japonés ha conseguido satisfactoriamente crear un halo de ternura alrededor de la pareja de Pazu y Sheeta, si los analizamos por separado, resultan ser personajes demasiado vacíos para ser unos protagonistas de sobresaliente. Mención especial a los antagonistas, en esta ocasión mejor retratados, sin olvidar de nuevo a uno de esos personajes sin dialogo ni expresión facial que el co-fundador del estudio vuelve a sacarse de la manga; nos referimos al robot que ya se ha convertido en parte de la cultura popular de la animación, ejerciendo un papel sobrecogedor como contrapunto al resto de roles, no malos pero tampoco brillantes.

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El ecologismo y el anti-belicismo vuelven a ser temas de interés aunque de forma más discreta. En este caso se realzan los valores personales sobre los problemas ambientales que sirven de contexto para engrandecer el mensaje, es decir, la violencia que se muestra, si bien transmite un mensaje anti-bélico por sí mismo, su principal función es la de realzar el mensaje de amistad, lealtad y sacrificio de dos niños que se quieren a pesar de las dificultades.

Sorprende un estudio Ghibli que siendo tan crítico en el tratamiento de temas polémicos como la guerra o el medio ambiente, sigue recurriendo al conservadurismo japonés en la educación formal de sus personajes, con ciertos diálogos y situaciones de corte machista. Cabe mencionar, que en las películas de este estudio de animación, la mujer siempre desempeña papeles importantes y casi siempre de liderazgo, pero no deja de ser chocante como intentan huir de los tópicos del anime y en este aspecto y en esta película en particular dan un paso atrás.

Rosas, azules y ocres por doquier en una animación donde sí está justificado el abuso de los tonos pastel, convencionalmente dirigidos a filmes de corte infantil.

La fotografía, el arte y todos los aspectos visuales irán en linea acentuada y ascendente a partir de esta película que constituye el punto mas bajo en la gráfica de calidad de la animación del estudio. Si bien no podemos decir que este aspecto sea malo, lo cierto es que flojea respecto a la película anterior donde pese a no poseer tampoco una animación brillante, dejó fotogramas para enmarcar en diversos tramos del largometraje que en esta ocasión brillan por su ausencia, siendo solo sobresaliente la habilidad con la que el artista japonés traslada a la gran pantalla las palabras descriptivas de Swift con sumo cariño y buen gusto.

La música de Joe Hisaishi vuelve a ser uno de los puntos fuertes del filme, transmitiendo ese espíritu infantil que busca en todo momento la película con melodías divertidas que aderezan los momentos más desenfadados y pistas orquestales épicas para los momentos de más emoción. Como es normal en el compositor, toda la banda sonora rebosa calidad por los cuatro costados, pero sin duda echó el resto en el tema principal de título homónimo a la película: Laputa: Castle in the Sky, la cual sea posiblemente una de las mejores composiciones de la filmografía del estudio.

En conclusión, Laputa: El castillo en el cielo supone un pequeño paso para la animación pero un gran paso para Studio Ghibli, el cual arriesga todo para crear un filme infantil lejos de los cuentos y mitologías japonesas. Desde los ojos de un adulto que busca en Miyazaki aventuras profundas llenas de mensaje y personajes hipnóticos, resulta un largometraje interesante, lejos del anime convencional pero sin llegar a ser un regalo para los sentidos. Sin embargo, desde los ojos un niño es una historia apasionada, divertida y tierna hasta el punto de ser una de las películas de animación favoritas más comunes de los que un día fueron niños.

 

Calificación: 70

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SuperBarrioKart Arkaitz González Otra genial película de Hayao Miyazaki en la que vuelve a dejarnos carismáticos personajes, impresionantes decorados y una genial animación. Aunque tenga elementos que se repiten bastante, tales como el parecido de los personajes con los de sus otras películas, sigue consiguiendo atraparnos en una historia que nos muestra cómo el egoísmo y la avaricia intentan abrirse paso despiadadamente entre la naturaleza, la pureza y la inocencia.

Calificación: 85