[ComboAnálisis] ‘La tumba de las luciérnagas’

Título OriginalHotaru no haka

T. En EspañaLa tumba de las luciérnagas

Director: Isao Takahata

Guión:  Akiyuki Nosaka (novela), Isao Takahata

Productora: Studio Ghibli

Reparto (voces):  Tsutomu Tatsumi, Ayano Shiraishi, Akemi Yamaguchi, Yoshiko Shinohara

Reparto (dobladores): Albert Trifol Segarra, Nuria Trifol, Azucena Díaz, María Rosa Guillén

Estreno: 24/11/2003 (España) 16/04/1988 (Japón)

Tras analizar la considerada primera película de Studio Ghibli, Nausicaä del Valle del Viento, y la primera película real del estudio japonés, Laputa: El castillo en el cielo, es el turno de la tercera en discordia; hablamos de La tumba de las luciérnagas, primera película dirigida enteramente por el co-fundador Isao Takahata.

Estrenada en 1988 a la vez que Mi vecino Totoro de Miyazaki, este filme no hizo más que acrecentar la confusión en torno a la tendencia del joven estudio de animación. Hasta ahora habíamos visto una densa aunque brillante adaptación de un manga de argumento profundo y adulto (Nausicaä), un largometraje de acción de corte infantil (Laputa), un adorable cuento lleno de ternura (Totoro) y por último un filme radicalmente adulto que refleja la crueldad de la Segunda Guerra Mundial, es decir, La tumba de las luciérnagas.

Considerando que Laputa: El castillo en el cielo no llegó a recaudar lo suficiente como para considerarlo un éxito comercial en su estreno, no es de extrañar que la arriesgada película de Takahata fuera un fiasco en cuanto a taquilla, que no en crítica cuya recepción fue altamente positiva, la cual subscribo del todo en el análisis que emprendo a continuación.

Basada en la novela original de título homónimo, la historia nos traslada al Japón de la Segunda Guerra Mundial a través de los ojos de dos niños que sufren en sus propias carnes los bombardeos sobre la ciudad de Kobe de 1945. Seita, de 14 años, tendrá que madurar prematuramente para hacerse cargo de su hermana Setsuko de 5 años sorteando todo tipo de dificultades. Un relato de supervivencia que refleja las consecuencias de la guerra y cómo afecta a la población desde una perspectiva desgarradoramente cercana.

la-tumba-de-las-luciernagas-6Pocas palabras puedo encontrar que describan con exactitud lo maravilloso del guión. No peco de exagerado cuando digo que el tratamiento de un tema tan bélico como este desde un punto de vista tan humano es mágico. Y es que Isao Takahata, a diferencia de Miyazaki, acostumbra a dejarnos relatos del todo costumbristas, lejos de la fantasía o el abstractismo que muestra su compañero fundador del estudio.

No hay absolutamente nada reprochable en el devenir de trama, de lo cual debemos gran parte a Akiyuki Nosaka, cuya novela con tintes autobiográficos en la que cuenta su historia personal a través de Seita, es la base de este filme que adapta impresionantemente los desastres de la guerra a la gran pantalla. La crudeza de cada fotograma en compás con el realismo que lo acompaña hace veraz la frase “una imagen vale más que mil palabras”, con doble mérito al tratarse de un largometraje de animación, que con el hándicap de no poder ofrecer el realismo radical de una película de imagen real, consigue llegar al corazón de forma igual o mayor.

El costumbrismo de Takahata se hace notar, haciendo pensar que difícilmente alguien más podría trasladarnos por completo a esa época como él lo ha hecho. Como la propia palabra dice, el costumbrismo es una corriente que intenta reflejar la sociedad a través de las costumbres, reflejo que consigue magistralmente el director japonés en todos los aspectos, desde el comportamiento de los personajes hasta el detallismo minucioso en la representación de las ciudades y aldeas en guerra.

Destacan los diálogos de los personajes que con mucha sensibilidad, logran transmitir todos los sentimientos que salen a la luz en situaciones tan extremas. Diálogos que incluso en ocasiones hubiésemos preferido no escuchar debido a la crueldad que presentan, una crueldad sobrecogedora por su realismo y credibilidad, lejos de radicalismos que llevan a lo esperpéntico. Incluso las conversaciones de fondo entre los ciudadanos que aderezan las escenas están cuidadas al detalle, dejando de ser un simple condimento para convertirse en un elemento de peso durante toda la película.

Entre tantas escenas de tristeza, aparecen recuerdos de tiempos felices que te harán te sufrir más por su situación.
Entre tantas escenas de tristeza, aparecen recuerdos de tiempos felices que te harán sufrir más por su situación.

Sin embargo, no es como si la película fuera un sin fin de escenas de sufrimiento y tristeza. Quizás lo más hipnótico de la trama es la montaña rusa de emociones que constituye el metraje. El filme alterna momentos de dureza con recuerdos alegres de una vida mejor cuya melancolía logra que conectes con los personajes y que empatices con ellos en las escenas de guerra y pobreza.

No existen personajes planos en este celuloide, el elenco se construye a partir de personajes cuyo rol informativo y representativo, aparte de reflejar la sociedad de la guerra en sus múltiples variantes, sirven para engrandecer la historia de los dos niños protagonistas. Cada sentimiento que aflora en situaciones tan extremas se ve representado por un personaje, cuyos diálogos, gestos y expresiones demuestran que no son simples figurantes sino que cada palabra está estudiada para expresar los complejos paradigmas sociales de una población oprimida, dotándolos de esta forma de gran personalidad y fuerza. Todo ello para dar consistencia a la masa que constituye la trama, que ayuda a que las circunstancias que viven los protagonistas adquieran mayor peso emocional, creando un marco contextual de la guerra que difícilmente te dejará indiferente.

A su vez, destaca la relativa inexistencia de buenos y malos, me explico, si bien en una película japonesa sobre la Segunda Guerra Mundial, desde el punto de vista nipón los malos son los americanos, las tropas norteamericanas no aparecen personificadas en ningún momento de la película más allá de los aviones, cuyas bombas incendiarias resultan ser un impactante y fuerte recurso de dramatización, lejos de pretender ser una crítica al imperialismo americano como en muchas otras películas de esta misma temática.

La dureza de está película te hará aborrecer la guerra, sea del país que sea y por las razones que sean.
La dureza de está película te hará aborrecer la guerra, sea del país que sea y por las razones que sean.

La cinta huye de trasfondos geopolíticos para centrarse en los protagonistas reales de la historia: los ciudadanos que viven en primera persona las consecuencias de la guerra por circunstancias ajenas a sus personas. Así pues, intenta evitar las escenas de belicismo puro y duro para llegar a la esencia del problema, esto es, los efectos que la contienda provoca en la personalidad, el comportamiento y las costumbres de la población japonesa.

Cuando digo que no existen buenos ni malos es porque no hay un personaje que actúe deliberadamente con maldad, sino que debido a la situación de frustración, violencia y austeridad, se suceden escenas de egoísmo, intolerancia o falta de empatía en las relaciones interpersonales con los protagonistas y su situación, sin embargo, todas esas manifestaciones negativas, analizadas desde el punto de vista de los personajes que las ejecutan, implican otro tipo de sentimientos bien distintos como el instinto de supervivencia o el amor fraternal. También encontramos actitudes reprochables por parte de Seita, cuyas acciones se podrían ver justificadas por el amor incondicional hacia su hermana, amor que el propio Nosaka ha calificado de exagerado, llegando a reconocer que su hermana supuso una enorme carga para él en la vida real.

En conjunción con este argumento magistralmente tratado, se encuentra una animación sublime que se torna perfecta. Tanto la dirección artística, como la fotografía y el montaje se sincronizan a la perfección para dar lugar a fotogramas llenos de arte y de mensaje. En cierto modo, puede resultar relativamente fácil realizar algo agradable a la vista, sin embargo, lo difícil es lograr una animación vistosa que transmita con sus imágenes tanto sentimientos como sensaciones, ya sean positivas o negativas que te mantengan pegado a la pantalla como hipnotizado.

Quedarse prendado mirando este gif animado  es fácil debido a la belleza de la fotografía.
Quedarse prendado mirando este gif animado es fácil debido a la belleza de la fotografía.

La tumba de las luciérnagas consigue esto y mucho más. Podríamos decir, que para que una película de estas características sea perfecta hay tres pilares que deben converger al unísono; por supuesto hablo de sonido, animación y guión. En este punto cabe mencionar la total y absoluta complicidad entre la animación y el guión cuyas calidades, analizadas por separado dan de sobra para un sobresaliente, pero juntas se complementan de una manera casi imposible de superar.

Ambos pilares beben el uno del otro de forma cíclica, los diálogos que antes mencionaba, si ya de por sí son buenos, se ven acrecentados por el gesticular de los personajes, la pose y el movimiento, totalmente detallista hasta en la más mínima insignificancia. Hablábamos antes del costumbrismo y de cómo servía para relatar con precisión la sociedad japonesa de la Segunda Guerra Mundial mundial, pues bien, no puedo evitar recordar la escena de una mujer preparando bolas de arroz al son de las palabras “Vosotros volveréis a comer sopa, imagínate que la gente que trabaja comiera lo mismo que los que están ociosos todo el tiempo”, mientras se come gulosa los pocos granos de arroz que se le adhieren a la mano.

El detalle de como come los granos de arroz es de esas pequeñas cosas que en conjunto hacen grande a una película
El detalle de como come los granos de arroz es de esas pequeñas cosas que en conjunto hacen grande a una película

Dicha escena, contextualizada en un tiempo en el que el arroz era una moneda preciada y los que no trabajaban o estudiaban no merecían comer buena comida, resulta un cuadro del que se desglosan multitud de detalles sobre la sociedad japonesa, desde el preciso retrato de un hogar japonés de los años 40 hasta el modo de hacer las labores cotidianas a través de fotogramas que se suceden cambiantes y distintos de forma continua. Y es que el filme intenta fuertemente no mantener escenarios ni personajes estáticos, salvo recurso para mantener el foco de atención sobre un determinado elemento.

Lo más cautivador de la animación se encuentra en las cuidadas transiciones entre las escenas gracias a un montaje que es uno de los mejores , sino el mejor, de todas las películas del estudio. En compás con una fotografía elegida de forma muy acertada, donde predominan apagados tonos tierra que otorgan ese toque dramático y antiguo que se rompe en los momentos de mayor impacto emocional, donde se intercalan colores cálidos sobre un violento fondo negro en contraste con la paleta de colores claros y llamativos que usan para las escenas del pasado feliz anterior a la guerra.

En referencia a los tres pilares anteriormente mencionados, solo queda analizar el sonido, cuya banda sonora a cargo de Michio Mamiya es el cierre de seguridad que acompaña al guión y a la animación a modo de guinda del pastel. Se puede afirmar sin temor que Mamiya es a Takahata como Joe Hisaishi es a Miyazaki, no en vano el compositor japonés ha trabajado con el director de este filme en múltiples ocasiones en el pasado, siendo uno de sus compañeros más recurrentes. Cosa que no extraña nada al escuchar las canciones que ambientan la película, prestando especial atención al tema principal de la cinta cuyas notas son un placer para los oídos.

No obstante, los grandes olvidados o infravalorados a la hora de hablar de un filme son los efectos sonoros, que suelen pasar desapercibidos pero que bien usados y bien trabajados pueden otorgarle gran fuerza y presencia a una película. En este caso, dichos efectos siguen la estela del resto de elementos analizados, esto es, son tratados con gran mimo y detallismo hasta el punto de crear una especie de Pavlov en nuestros sentidos.

Si bien antes comentábamos que las tropas americanas solo se veían representadas por los aviones que arrojaban bombas incendiarias como recurso de dramatización, esa angustia constante que supone este recurso durante todo el filme, debe toda su fuerza al conseguido sonido de las sirenas de los aeroplanos y al ruido de las bombas tanto al caer como al explosionar. Así pues, bastó solo con una escena de belicismo puro en los primeros minutos para que durante el resto del metraje, con tan solo oír el amenazante ruido de las sirenas la angustia venga sola pese a que no se muestra nada explicito en pantalla. Pura sugestión bien lograda por el equipo de sonido en colaboración con el resto de departamentos que han logrado una sincronía perfecta entre ellos.

En conclusión, La tumba de la luciérnagas es un golpe directo y seco en el corazón del espectador, una confluencia de fuerzas que pocas veces se ven tan bien complementadas. Primer filme de Takahata como director en el estudio y primera obra de arte maestra en mayúsculas, la prueba irrefutable de que se puede hacer cine de animación adulto huyendo de los clichés, no solo del anime sino del género bélico de la Segunda Guerra Mundial. Posiblemente la película más antibélica que mis ojos han presenciado y que me hace pensar que si esta película no te hace odiar todo lo relacionado con este tipo de contiendas, nada lo hará.

Calificación: 100

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SuperBarrioKart Arkaitz González

A veces pasa que, entre la inmensa cantidad de películas que uno ve a lo largo del tiempo, hay un muy reducido número de ellas que se quedan grabadas en la memoria de forma especial. Son esas películas que, cuando hablas con alguien sobre cine, se las recomiendas encarecidamente si no las ha visto ya. Sin duda, para mí una de esas películas especiales y esenciales que todo el mundo debería ver es La tumba de las luciérnagas.

Este largometraje que nos llega de manos del legendario Studio Ghibli nos muestra una historia muy humana, tanto para lo bueno como para lo malo. Vemos con toda crudeza los horrores de la guerra, la desesperación, la frialdad ante la muerte de los demás y contrastando totalmente con esto, vemos la sobrecogedora historia de dos hermanos que sólo pretenden sobrevivir, cuidando el uno del otro.

La tumba de las luciérnagas es, para mí, una de las pocas películas que creo que todo el mundo debería ver. Y tanto si sois de lágrima fácil como si no, tened unos pañuelos al lado por si acaso.

Calificación: 100

Jorge Consiglio Jorge Consiglio

De la filmografía de Ghibli, las películas de Takahata son las que más me han llegado al alma. Y de esas, La tumba de las luciérnagas es la que me golpeó la fibra sensible con más fuerza. La animación es preciosa, como acostumbra Ghibli en sus películas, destacándose siempre sus fondos. Pero lo que resalta en esta película son los dos niños protagonistas, y lo indefensos que están ante un mundo de adultos que se matan en la guerra, que se vuelven indiferentes al dolor ajeno y muestran lo peor de sí. El amor que se profesan estos dos hermanos se transmite directo a nosotros como pocas veces se ha logrado en una película de este estilo, y el final nos muestra qué tan insensibles pueden ser las personas ante la desgracia de otro ser humano, representando esto en un objeto que está tan lleno de significado para el niño protagonista como para nosotros como espectadores.

Este filme golpea fuerte, lo aviso, pero es uno de esos golpes que duelen y que te sacan lágrimas de tristeza a la vez que sientes que has visto algo realmente hermosoLa tumba de las luciérnagas se te quedará marcada para siempre en tu cabeza, y es una de las pocas películas que se llevan un 10 más grande que una casa, con toda seguridad de mi parte.

Calificación: 100

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