[Conociendo a…] El repórter Tribulete

Nombre: Tribulete

Otros alias utilizados: Tribu

Primera aparición: Pulgarcito (1947)

Creador: Guillermo Cifré

BEn los últimos tiempos se han acuñado distintos términos para nuestra sociedades primermundistas contemporáneas, que suelen llevar la coletilla de“sociedad de…”. El más famoso sociedad de consumo, un modelo de desarrollo económico convertido en forma de vida y en ideología, que terminó de consolidarse tras la Segunda Guerra Mundial, y que es consecuencia directa de una producción en masa que hunde sus raíces en la revolución industrial. También se habla mucho de la sociedad de la imagen, donde lo que se resalta es la importancia exacerbada del aspecto externo de algo o alguien por encima de otras propiedades intrínsecas. Pero a nosotros nos atañe otro

término igualmente de actualidad. Se trata del de sociedad de la información, que enfatiza no ya la libre y masiva producción y circulación de mercancías tangibles, sino de noticias. Al calor de la masificación y perfeccionamiento de los medios de comunicación, legiones de periodistas se afana en redactar toda una miríada de noticias para competir en un mercado noticioso cada vez más concurrido, para lo cual se recurre a multitud de estratagemas, como a apelar a los sentimientos más primarios y viscerales para ganar audiencia a cualquier precio. Es lo que se conoce como sensacionalismo, tan en boga hoy en día. Es en este contexto donde tienen lugar personajes de la talla de Jonah Jameson, director del periódico Daily Bugle en la serie Spider-man o El repórter Tribulete, el humilde periodista de El Chafardero Indomable creado por Guillermo Cifré, del que pasaré hablar inmediatamente.

De Cifré a autores varios

Tribulete (izquierda) y Polín (derecha).
Tribulete (izquierda) y Polín (derecha).

La serie El repórter Tribulete, que en todas partes se mete dio sus primeros pasos al poco de iniciarse la quinta etapa de la revista Pulgarcito, en 1947. El Tribulete de estas primeras historietas es un personaje larguirucho y desgarbado, de cabeza estrecha y alargada que recuerda a una bombilla o a un globo, una fina y respingona nariz, diminutos ojos reducidos a dos discretos puntos y con su ya característico flequillo hacia arriba. Cabe destacar que, para ser un personaje de tebeo, contaba con un vestuario relativamente variado, puesto que, aparte de su habitual pajarita, tan pronto podía aparecer con chaqueta, en chaleco o directamente en mangas de camisa. En esta época es habitual que lleve sombrero y, de cuando en cuando, con un lápiz sobre la oreja. No obstante, el aspecto de aquella etapa era bastante genérico, correspondiendo con el estilo del Cifré de aquella época. De hecho, sólo hace falta echar un rápido vistazo a otras de sus historietas para comprobar que guarda cierto parecido con otros de sus personajes, especialmente con Polín, cuya constitución y rasgos son prácticamente idénticos, a excepción de la ausencia de flequillo, su sombrero de hongo y la sardina que lleva sobre la oreja en lugar del consabido lápiz.

El paso de las historietas y los años fue forjando la personalidad de la serie, tanto a nivel argumental como estético. En lo que se refiere al protagonista, experimentó un progresivo aplanamiento y ensanchamiento de su cabeza, al tiempo que sus ojos ganaban dimensiones y expresividad y su nariz, grosor, mientras que su pelo alcanzaba el culmen del esquematismo, con un flequillo reducido a tres pelos cada vez más erguidos y su sombrero fue desapareciendo paulatinamente. Al mismo tiempo, su constitución física se volvió significativamente más menuda, tanto en hechuras como en estatura. En cuanto a su vestimenta, adoptó su clásica chaqueta negra y corbata. Así, a la altura de 1952 ya había alcanzado su madurez gráfica, desarrollándose con algunos retoques durante los siguientes diez años.

Tribulete evolución
De izquierda a derecha, Tribulete en 1947, 1949, 1851, 1955 y 1961.

La prematura muerte de Cifré en 1962, con apenas cuarenta años, truncó toda evolución original ulterior. Para proseguir con la serie, la editorial contó con los servicios de varios dibujantes, de entre los cuales destacaban Enrich (cuñado del propio autor) durante el resto de la década y principios de la siguiente, y posteriormente, Bancells y Ayné, así como muchos otros cuya pista es casi imposible seguir debido a la ausencia de firma en las historietas (una constante desde la muerte del autor). La escasa variación del grafismo de la serie en este periodo es achacable tanto a la citada madurez del mismo como al afán de mímesis para con el legado de Cifré, que se deduce de la exigencia de la editorial de omitir la firma del autor, por lo que los autores “en la sombra” no habrían contado con la libertad creativa que sí contó, por ejemplo, Schmidt en Doña Urraca.

La etapa post-Cifré tuvo escasos cambios en grafismo, y algunas historias (como esta) eran un calco de las del autor original.
La etapa pos-Cifré tuvo escasos cambios en grafismo, y algunas tramas (como esta) eran un calco.

Un reportero mediocre, pobretón y maltratado

Sus estrecheces son constantes.
Sus estrecheces son constantes.

Tribulete es un reportero relativamente joven (su novia Rosita habló una vez de hacerle un regalo por su treinta y siete cumpleaños) que trabaja para el periódico El Chafardero Indomable. Atenazado por sus problemas económicos frutos de un salario paupérrimo y por la necesidad de cumplir con su cupo de noticias, se lanza a la búsqueda de cualquier hecho noticioso sin demasiada suerte, ya que los percances y equívocos aflorarán allá por donde pase (lo más recurrente es que confunda a alguien con un criminal y, tras tomarse mucho esfuerzo en darle caza, descubra que es alguien enfrascado en un asunto totalmente diferente). Si ésta no llega, no dudará en provocarlas o incluso inventarlas en parte o en su totalidad, si bien será indefectiblemente descubierto. Desgraciadamente para él, incluso cuando llega a tiempo para la entrega, sus habilidades en este campo no son tan poco brillantes que, lejos de verse recompensado, conllevarán un castigo. Es más, hay quien dice de él que es el peor redactor del rotativo. Tanto es así, que suele ser el chivo espiratorio cuando las ventas caen, e incluso sufrirá represalias por parte de los lectores, quienes celebrarán (o provocarán) cualquier desgracia que le imposibilite para seguir escribiendo. El director hasta llega a insinuar que sería mejor que le fichara la competencia (encarnada por El Berrido Urbano y otros medios de nombres igualmente estrambóticos) para así hundirla.

Tribulete, el redactor más odiado de "El Chafardero".
Tribulete, el redactor más odiado de “El Chafardero”.

En efecto, conforme la serie fue consolidando su estilo, el antagonismo jefe-empleado se fue erigiendo como el centro de gravedad de la misma. Esto se debe a que, si bien en un principio el director de El Chafardero carecía de un aspecto definido (puesto que éste variaba en cada historieta), al cabo de los años adquirió un aspecto robusto e imponente (algo que no tardará en moderarse, aunque a pesar de todo siempre será más corpulento que el propio Tribu), tanto como su duro, áspero e iracundo carácter. Si bien es cierto que se trata de un recurso habitual en este tipo de tebeos, cabe destacar que en esta ocasión apenas existen rastros del paternalismo y el afecto relativo y circunstancial que sí muestran otros. No; en este caso nos encontramos ante un director explotador, tiránico e inmisericorde sin ambages que considera a Tribulete como una molestia de la que no puede desembarazarse y que, como compensación, se empeña en martirizar. En todo momento emplea con él un tono despectivo e insultante (le suele llamar “pigmeo”, entre otros apelativos), y en caso de no cumplir o fallar en las tareas que le encomienda (algo que ocurre casi siempre) no dudará en propinarle un puntapié o incluso una brutal paliza. Si alguna vez parece mostrarse amable con el desdichado periodista es porque lo considera un medio para aprovecharse vilmente de él.

Por mucho que se esfuerce en encontrar material, su "premio" suele ser este.
Por mucho que se esfuerce en encontrar material, su “premio” suele ser este.

Lo cierto es que su personalidad tampoco ayuda demasiado. Su carácter ingenuo e inocentón le convierte en el blanco perfecto para los abusos y estafas de todo tipo. De ello no sólo se aprovecha su jefe, sino compañeros de trabajo, amigos y completos desconocidos. A pesar de ese rasgo de su carácter, sumado a otros como su pereza y su cobardía, en ocasiones ofrece muestras de picaresca, arrojo y audacia, muy especialmente cuando su empleo o su subsistencia más directa está en juego. En cualquier caso, nunca conseguirá nada de lo que se proponga. El fracaso es una constante en todas las facetas de su vida, ya sea profesional o personal, incluyendo su tormentosa vida sentimental.

Como ingenuo incorregible que es, acaba enredado en infinidad de engaños.
Como ingenuo incorregible que es, acaba enredado en infinidad de engaños.

Conclusión y recomendaciones

El repórter tribulete es la parodia del periodista obsesionado con dar caza a la noticia más sensacionalista que pueda encontrar. Su naturaleza torpe e ingenua le llevará a fracasar estrepitosamente en ello, y en general a todo lo que se proponga, lo que le granjeará brutales palizas por parte del director del periódico. Su escaso talento periodístico y sus estrecheces económicas son otros de sus rasgos característicos.

Tribulete ficha por el Daily Bugle, por Olga Cruz.
Tribulete ficha por el Daily Bugle, por Olga Cruz.

Como muchas de las series nacidas a finales de los años 40 y principios de los 50, pudo beneficiarse de las recopilaciones que impulsó la editorial Bruguera dentro de las colecciones Magos del lápiz (dos sin numerar y #27) y Magos de la risa (#13 y 26), contemporáneos a esas publicaciones. Desde entonces, no volvieron a aparecer nuevos recopilatorios hasta que, durante los últimos estertores de la editorial, ésta lanzara uno para Genios de la historieta (1985, #3), que incluía una selección de páginas desde el año de su debut hasta 1956, quizás pensando en un futuro segundo volumen que, por culpa de su tardía decisión, nunca llegó. Aparte de eso, únicamente nos queda el ejemplar de Clásicos del Humor de RBA. Es una edición totalmente descompensada, pues se centra especialmente en los últimos años de la etapa de Cifré, descuidando las primeras etapas de la serie, pero es de lo poco que podemos encontrar.

Genios de la Historieta #3.
Genios de la Historieta #3.
Clásicos del Humor: Tribulete.
Clásicos del Humor: Tribulete.

También podemos ver a Tribulete en movimiento en “Agencia de Información”, octavo capítulo del Segundo Festival de Mortadelo y Filemón (1966: Estudios Vara, 1970). A nivel cronológico, corresponde al primer episodio realizado, en el cual es el propio repórter el encargado de presentar a los personajes más famosos de los tebeos de Bruguera. Ya vimos en el artículo de Doña urraca cuál fue el desenlace…

Tribulete en el segundo festival de Mortadelo y Filemón
Tribulete en el segundo festival de Mortadelo y Filemón.