[Análisis] ‘Teslagrad’

Título: Teslagrad

Plataforma: Wii U

Desarrolladora: Rain Games

Publicado por: Rain Games

Género: Plataformas, Puzles

Lanzamiento: 11/09/14

El desarrollo de estudios independientes en los últimos años ha crecido de forma exponencial en todo el mundo. Plataformas como Steam o los servicios digitales de Nintendo, Sony y Microsoft permiten a las jóvenes compañías emprender proyectos que de otra forma estarían condenados a perecer.

Rain Games es fruto de esta generación de equipos con mucho talento y autonomía a sus espaldas. El estudio noruego ha desarrollado Teslagrad, su segunda obra comercial, bajo la influencia del científico Nikola Tesla. El científico conocido por sus aportaciones en el campo del electromagnetismo ha sido clave a la hora de perfilar las mecánicas jugables de Teslagrad.

El argumento del juego comienza de forma difusa, con una guerra que obliga a un padre a dejar atrás a su hijo para protegerlo de los horrores del conflicto. Años más tarde es el hijo quien debe huír de la represión de un ejército que perfectamente podría ser el de los comunistas rusos por su parecida indumentaria. Escapando de la ciudad encuentra un castillo que contiene las claves de lo que ocurrió en el pasado y un poder que puede definir el futuro.

La forma de exponer la trama a través de gestos y animaciones de los personajes sin una sola línea de diálogo lo acercan a los esquemas narrativos vistos en The Legend of Zelda o Limbo. La ausencia de voces nos obliga a observar los escenarios, concebidos como grandes murales artísticos que dotan a todo el conjunto jugable de un trasfondo rico y atractivo. El contexto es importante para entender lo que ocurre a nivel argumental y más aún en la resolución de los puzles.

Y es que Teslagrad se encuadra en el esquema de los metroidvania tradicionales, con una progresión acentuada del personaje a través de estancias que no permiten desatender la acción. La pronunciada curva de dificultad nos hace pasar de los saltos sencillos y puzles sin grandes dificultades a auténticos rompecabezas que nos tendrán ocupados durante varios minutos para poder avanzar.

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La clave de la obra de Rain Games es el electromagnetismo, influencia directa de Nikola Tesla y que traslada a la pantalla con gran acierto. En los distintos escenarios del juego habrá que jugar con las propiedades de los imanes para progresar. Gracias a su característica de atracción y repulsión llegaremos a zonas a las que no podríamos acceder con un salto normal o permanecer sujetos al techo sin pasar por un suelo repleto de afilados pinchos. Y es que la precisión es capital a la hora de hablar de Teslagrad. Nuestro protagonista tiene la insólita capacidad de reaccionar con los imanes -los hay de dos tipos, rojos y azules- de forma que pulsando uno de los gatillos del mando haremos responder a la parte azul o a la roja. Si queremos llegar más alto y en el suelo hay una plataforma azul, presionando el botón que nos hace emitir un destello azul seremos repelidos con su correspondiente impulso.

La física en Teslagrad es caprichosa y se rige por sus propias leyes. En las primeras horas de juego el número de muertes será elevado por saltos mal calculados o una fallida resolución de los puzles. Sin embargo, adaptarse será una condición indispensable para sobrevivir. El juego es exigente y en ocasiones frustrante, pero cuando el jugador supera una estancia la satisfacción que reporta suple el largo -pero necesario- rato de análisis del entorno y por supuesto del ensayo y error.

Cada nueva zona recupera todo lo aprendido anteriormente y lo expone con mayor astucia. El esfuerzo de Rain Games por someter al jugador a continuas pruebas de ingenio que solo pueden superarse correctamente si hemos comprendido cada mecánica jugable expuesta es notable. No hay espacio para el azar y el juego castiga esos momentos en los que salimos airosos por casualidades ajenas a la experiencia.

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El uso del electromagnetismo es crucial no solo en los momentos de plataformas, sino también en los combates con los jefes finales. Todos desprenden personalidad y su modus operandi varía significativamente, obligándonos a saber utilizar el entorno a nuestro favor. No existe una barra de salud, y es que con tan solo un toque ya significará el final de la partida. Por suerte, los puntos de control son constantes y los tiempos de carga mínimos, requisito indispensable en un juego de estas características.

Desde casi el principio podremos ver zonas inaccesibles en un primer momento y que más tarde podremos revisitar con las habilidades adquiridas en el avance de la aventura. Es una forma inteligente de reaprovechar localizaciones que ya de por sí despiertan simpatía por su nivel de detalle y diseño. Desde entornos naturales con vegetación hasta escenarios industriales, todo respeta la estética global del juego con una coherencia artística. A esto ayuda la recreación a mano de cada elemento que vemos en pantalla que aporta una personalidad inimitable. Las animaciones de los personajes son algo limitadas, eso sí, aunque están lo suficientemente bien resueltas como para asegurar una fluidez constante durante toda la partida.

La versión de Wii U es idéntica en todos los aspectos a las del resto de plataformas. El Gamepad aprovecha la función off-TV para jugar desde la pantalla del mando o bien utilizarlo como mapa. Un uso anecdótico al que no se le recrimina una mayor interacción, en parte debido al género del juego, que no exige un mayor empleo de funcionalidades adicionales.

Mención especial merece el apartado sonoro. Las composiciones de Teslagrad están cargadas de sentimentalismo, con un uso predominante de instrumentos de cuerda que saben acompañar de forma elegante todo lo que sucede en pantalla. La interesante mezcla resultante de una orquesta clásica con sonidos metálicos y eléctricos en algunos momentos funciona de principio a fin. Sus melodías a menudo evocan a recursos estilísticos propios de la música rusa y un imponente esfuerzo por permanecer en la mente de los jugadores. Pueden estar de enhorabuena, porque lo consiguen.

Del mismo modo, los efectos de sonido son vitales en un título que elimina toda línea de diálogo y voces. Los gruñidos de las criaturas, de las plataformas móviles de algunos escenarios, los jefes finales… Ningún elemento que vislumbremos en pantalla escapa de efectos de sonido que imprimen identidad incluso a la acción más imperceptible. Todo confluye y ayuda a mantener la atención en cada sala del castillo, en el que la intuición a través de los sonidos y el entorno son capitales.

Terminar la aventura no nos llevará más de 8 horas, una duración algo escasa a pesar de basarse en la resolución de puzles. Es difícil valorar qué hubiera ocurrido de haber alargado de forma artificial ese tiempo, pero lo cierto es que la sensación global no flaquea por el ritmo constante al que nos somete el juego desde sus primeros minutos. Los que exprimen hasta el último detalle agradecerán la inclusión de 36 pergaminos esparcidos por todo el mundo, proporcionando un extra determinante para conocer el trasfondo argumental.

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Teslagrad es la jugabilidad al servicio de un apartado audiovisual inmejorable. Puede llegar a ser frustrante en ocasiones y somete a examen cada pequeño avance del jugador, lo que lo alejará de un público potencial. Su exigencia camina con elegancia entre un diseño de niveles ingenioso y físicas imprecisas que lo alejan de la excelencia. En cualquier caso, Rain Games sienta cátedra en el panorama actual demostrando con astucia que las grandes ideas no van reñidas por las dimensiones económicas del estudio. Teslagrad da la mano al jugador no para acompañarlo, sino para retarle a un desafiante pulso y nosotros lo agradecemos.
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