Nombre: El Guerrero del Antifaz

Nombre real: Adolfo de Moncada

Otros alias utilizados: Guerrero enmascarado, Guerrero

Primera aparición: El Guerrero del Antifaz # 1 (1943)

Creador: Manuel  Gago

Desde el año 1939, con el triunfo de los “sublevados” o “bando nacional” frente al gobierno de la Segunda República en la Guerra Civil Española (de cuyo estallido ya hace ochenta años), se impuso una perspectiva determinada de la política, la sociedad y de la historia en clave religiosa y ultranacionalista (nacionalcatolicismo). Fue así como cobraron nuevos bríos dos mantras bastante añejos, pero dotados de nueva significación política. El primero a destacar es el de Cruzada, esa vieja guerra santa contra el infiel, hace tiempo caída en desuso, pero que durante la guerra fue enarbolada como un verdadero eslogan propagandísitico, el de la “cruzada contra el bolchevismo” (un término que convirtieron en un cajón desastre en el que meter a toda la izquierda, desde comunistas a anarquistas, socialdemócratas y a la pequeña burguesía republicana, y que fue especialmente efectivo para ganarse los favores de los regímenes fascistas y la retracción cómplice de las potencias parlamentarias). El segundo es el de la “unidad de España” cuyos inicios, en un ejercicio de revisión histórica, fueron ubicados en el reinado de los Reyes Católicos.

Fue así como proliferó toda una miríada de panfletos políticos de todo tipo, obras pretendidamente históricas, libros escolares etc., en el que esos dos conceptos eran prácticamente omnipresentes. Por supuesto, a ese clima ideológico no escapó el mundo del cómic que, tras la guerra resurgió con más fuerza que nunca al servir como válvula de escape a una generación abrumada por las privaciones de la posguerra. El ejemplo más célebre es El Guerrero del Antifaz, la popular y extensa serie creada en 1943 por Manuel Gago García para la Editorial Valenciana.

El conde enmascarado

La historia comienza cuando el conde de Roca relata que un enigmático personaje (que más adelante sabremos que responde al nombre de Adolfo de Moncada) se presentó ante él en calidad de hijo suyo. Pese a haber nacido tras el rapto de su esposa, la Condesa de Torres, por el pérfido reyezuelo musulmán Alí Kan, éste aseguraba que esto se explica por el hecho de que dicho secuestro ocurrió poco después de haber sido concebido. Creyendo ser hijo biológico de Alí Kan, no bien alcanzada la mayoría de edad se convirtió en el mejor guerrero de su ejército y combatió a innumerables ejércitos cristianos hasta que su madre le confesó la verdad (no sabemos cómo se hizo la prueba de paternidad). Cuando el reyezuelo se enteró, intentó darle muerte, pero la condesa se interpuso entre ambos sacrificando así su vida. Furioso, el ya sabido vástago del conde de Roca vence a Alí Kan, al que cree haber matado, y abandona el territorio del que hasta entonces había creído su padre.

Primera aparición del Guerrero del Antifaz.
Primera aparición del Guerrero del Antifaz.

Tras narrar su dramática historia, el protagonista jura solemnemente ante el conde que hará todo lo posible para probar que es realmente su hijo y que combatirá hasta el final a los enemigos de la Cruz para purgar sus pecados. Tras el doble flashback, hace acto de aparición un guerrero montado en un caballo llamado Centella y ataviado con unas vestimentas que le harán celebre: una túnica corta con una gran cruz estampada y ajustada con un cinturón, que cubre una cota de maya que emerge por brazos y cabeza, un yelmo y, sobre todo, su característico antifaz. No tardaremos en comprobar que ambos son el mismo personaje (no era muy complicado de adivinar de todas formas), como tampoco esperaremos mucho para saber (tanto nosotros como el protagonista) que su odiado enemigo sigue con vida

Primer encuentro con Ana María, quien cree la historia del guerrero.
Primer encuentro con Ana María, quien cree la historia del guerrero.

Este es el comienzo de las aventuras del Guerrero del Antifaz, quien, bajo el total anonimato que le brinda su máscara para evitar ser reconocido por musulmanes y cristianos víctimas de su etapa de “moro” y en completa soledad (al menos en un principio, pues pronto contó con el apoyo incondicional de su escudero Fernando y de la ocasional ayuda de don Luis, el conde de los Picos), emprende un camino de redención. Sea hecho adrede o no, resulta interesante cómo se combinan aquí los valores del nacionalcatolicismo entonces imperante con la figura del justiciero anónimo tan en boga en el cómic norteamericano, y que en la España de entonces no inspiraba mucho agrado. En lugar de estar ambientado en la época contemporánea como este último, la aventura se desarrolla bajo la etapa del reinado de los Reyes Católicos previa al fin de la llamada Reconquista, y en vez de ser un superhéroe que lucha por la justicia en abstracto, es una caballero medieval (es decir, noble y cristiano) que combate por la causa de la Iglesia y de los reyes de “España” (se suele ignorar por completo la pervivencia de los distintos reinos). Eso sí, al igual que algunos superhéroes como Batman tres años antes o Spider-Man dos décadas después, uno de sus principales móviles es el deseo de venganza por la muerte de un familiar próximo, aunque debe tenerse en cuenta que es un recurso habitual,s ea cual sea el formato.

Alí Kan siente verdadero pavor hacia el guerrero por su abrumadora superioridad.
Alí Kan siente verdadero pavor hacia el guerrero por su abrumadora superioridad.

Desde luego, su decisión de mantener el anonimato está plenamente justificada, máxime cuando algún cristiano se percató de su identidad no dudó en convertirse en su enemigo jurado y en tomar represalias contra él, como ocurrió con el capitán Rodolfo y con un duque cuya ejecución de su venganza dio pie a la segunda etapa de las aventuras del guerrero. No obstante, no deja de ser curioso que, una vez que su identidad pasó a ser pública tras su matrimonio con Ana María, condesa de Torres y gran amor del guerrero, y la recuperación de su título y sus tierras, prosiguiera con sus aventuras llevando a todas partes su antifaz. Si bien en un principio lo hacía porque “una parte de él había muerto” cuando creyó fallecida a su esposa y al hijo que esperaba, el futuro Adolfito (un motivo algo cogido por los pelos, pero justificado a pesar de todo), siguió llevándolo durante el resto de la etapa y en las Nuevas Aventuras (donde se lo enfunda sin justificación alguna tras el ataque de los piratas samuráis). Resulta llamativo, especialmente teniendo en cuenta que ese antifaz presenta sus inconvenientes. El mayor de ellos es que un tercero se haga pasar por él, algo que ocurre en más de una ocasión, ya sea para infiltrarse en las filas enemigas, acercarse y raptar a la condesa de Torres, inculparle crímenes no cometidos por él o por razones no muy claras (como en las Nuevas Aventuras). Sólo puede explicarse su conservación por puro y simple fanservice.

El guerrero del antifaz impostores
Cuatro falsos Guerreros del Antifaz.

El héroe nacionalcatólico por antonomasia

Incluso dobla barrotes.
Incluso dobla barrotes.

Como indiqué más arriba, el Guerrero del Antifaz es la más fiel representación del héroe tal y como era concebido en la España franquista. Por lo que se refiere a sus virtudes físicas, su constitución atlética estaba correspondida con sus excelentes dotes como espadachín y luchador, casi invencible en combate incluso contra enemigos muy numerosos y frente a rivales en principio más fuertes y robustos que él. Su enorme fuerza le permite desde romper grilletes hasta doblar barrotes, sus reflejos felinos le sirven para esquivar cuantas flechas y lanzas sean lanzadas contra él y con su perspicacia y sangre fría encuentra la solución a cualquier situación, por muy apurada que ésta sea. Su imbatibilidad le precede, hasta el punto que los enemigos moros con los que se encuentra sienten hacia él una especie de temor supersticioso, pues  muchos le consideran un ser sobrenatural o directamente un demonio. En suma, se trata de todo un ejemplo de fortaleza y virilidad según los cánones de entonces, no ya sólo del fascismo, sino también de los países liberales.

Peleas, fanfarronadas y damiselas en apuros por doquier.
Peleas, fanfarronadas y damiselas en apuros por doquier.

Sólo se somete a Dios y los Reyes.
Sólo se somete a Dios y los Reyes.

Tampoco son desdeñables sus virtudes. Destaca ante todo por una honorabilidad propia del ideal de caballería (la cual, en realidad y dicho sea de paso, era sólo eso, un ideal), en tanto que sólo da muerte a los rivales “en buena lid”, siempre sin asesinar a sangre fría, e incluso perdonará la vida a aquellos que den muestra de especial valentía. De hecho, por lo general evita matar si no es estrictamente necesario, aunque también puede dar muestras de cierta rudeza, sobre todo en la primera etapa. Tampoco osaba golpear o dañar de ninguna forma a las mujeres. Por el contrario, en todo momento se muestra caballeroso y cortés con las mismas. Su moral católica era intachable, como también lo era su lealtad a Dios, a los reyes, a sus amigos y hacia su amada, pese a que no eran pocas las que terminaban sucumbiendo a su atractivo. Algunas de ellas, en su despecho, llegaron a jugar muy malas pasadas al guerrero, un elemento sin duda misógino pero que también ocurría con aquellos hombres celosos de los sentimientos que sus amadas procesaban hacia el mismo. Combatía sin descanso a los reyezuelos y piratas musulmanes, aunque también tuvo aliados entre los de dicha religión, a quienes les unía un enemigo común (independientemente de la intención del autor, es difícil que eso no nos evoque a las tropas marroquíes de Franco, que se unieron a los “cruzados” franquistas contra los “rojos”). Especialmente prolífica resultó su alianza con los colosales hermanos Kir (Osmín, Shantal y Soleimán) o con el Pirata Negro.

Jamás se deja tentar por las riquezas. Las recompensas que pide son modestas.
Jamás se deja tentar por las riquezas. Las recompensas que pide son modestas.

Debido a la férrea censura, no existía contradicción alguna entre los intereses del Guerrero del Antifaz y el poder real o clerical. Por el contrario, eran los mismos. Cuando podría haber algún tipo de conflicto, como en el amor aparentemente imposible entre él y Ana María, este se solucionaba abruptamente y de forma bastante artificial. Tal fue el caso de su decisión de casarse pese a no poseer el título de conde, algo que se solucionó cuando los Reyes Católicos se lo concedieron graciosamente por los servicios prestados a su causa. Esto cambió con las Nuevas Aventuras (1978) donde, ya sin ese rígido control, el guerrero, se mostró más expeditivo con sus intereses (llegó a golpear a un religioso por dejarse engañar por un impostor), se vio atenazado por dilemas morales y desarrolló una proximidad que en otro tiempo habría sido escandalosa con Li Chin (Ana María también estaba demasiado cercana a su escudero Ramiro y don Luís con la sultana otomana Soraya), una compañera de aventuras que, además de dejar de jugar el pasivo papel de damisela en apuros (basta recordar que la “condesita” fue secuestrada infinidad de veces) era valiente y poseía notables dotes para las artes marciales. Por otra parte, y confirmando la tímida tendencia del último tramo de la colección original, los “moros” dejaron de ser el único enemigo para incorporar otros (algunos bastante anacrónicos).

En las 'Nuevas Aventuras' se atreve a golpear a un religioso.
En las ‘Nuevas Aventuras’ se atreve a golpear a un religioso.

Conclusión y recomendaciones

El Guerrero del Antifaz fue concebido como la más fiel encarnación del nacionalcatolicismo más rancio. Siempre fiel a la Iglesia y a los Reyes Católicos y movido por sus remordimientos por las bajas que causó entre los cristianos durante su pasado musulmán y por el deseo de venganza contra Alí Kan, asesino de su madre, emprenderá su propia cruzada contra los “enemigos de la fe” bajo el anonimato de su máscara, lo que le llevará a correr innumerables aventuras en múltiples territorios.

Carga ideológica aparte, lo cierto es que la colección me ha resultado entretenida debido al flujo continuo de combates y lances de todo tipo. En primer lugar, ante todo cabe destacar la colección original (1943-1966) que, pese a la mencionada ideología (la religión, el nacionamismo, el machismo, etc.), su estilo arcaico y su extremada duración (668 episodios) constituye la base de las aventuras del enmascarado, y representa una parte importante de la historia del cómic español. Fue publicado en blanco y negro y en formato de cuadernillos apaisados de una extensión de original de 15 páginas (posteriormente reducidas a 10). Pese a que existe una versión en color de esta etapa, no la considero recomendable porque la censura pasó la tijera en bastantes partes, por lo que es una versión mutilada de la misma.

El Guerrero del Antifaz #1
El Guerrero del Antifaz #1

En segundo lugar, las Nuevas Aventuras (1978-1980), una colección con un formato más actual (vertical en lugar de apaisado y con una composición más flexible de las viñetas), algo menos retrógrado y de tan sólo 116 capítulos (terminó antes de tiempo por la muerte de autor).

Nuevas Aventuras #1
Nuevas Aventuras #1
Nuevas Aventuras #22
Nuevas Aventuras #22
Las historias jamás contadas
Las historias jamás contadas

Por último, Las historias jamás contadas, la última colección del guerrero enmascarado publicada por Universo Cómic este abril de 2016, con el dibujo de Miquel Quesada Ramos y con el guión de José Ramirez. Como su propio nombre indica, desde un formato apaisado bastante nostálgico (como puede apreciarse en lo similar de la portada con la primera de la colección original) pero con una nueva “mano de pintura” y bastantes páginas más (64 en total), nos narra ciertos aspectos no narrados en la colección original, en particular sobre su pasado musulmán y los orígenes de su conversión al cristianismo que la censura no permitió mostrar en su momento. Sólo lleva un volumen, por lo que aún nos tiene mucho que ofrecer (si la serie avanza, quizás le dedique un artículo).

Sabremos más de su pasado musulmán y del origen de la inquina del capitán Rodolfo.
Sabremos más de su pasado musulmán y del origen de la inquina del capitán Rodolfo.