Cenicienta

[Análisis] ‘Cenicienta’ (2015)

Título Original: Cinderella

Título en España: Cenicienta

Director: Kenneth Branagh

Guión:  Chris Weitz

Productora: Walt Disney Pictures

Reparto: Lily James, Cate Blanchett,  Helena Bonham Carter, Richard Madden, Holliday Grainger, Sophie McShera, Eloise Webb, Derek Jacobi, Hayley Atwell, Stellan Skarsgärd, Leila Wong y Ben Chaplin.

Estreno: 27/03/2015 (España) 13/03/2015 (Estados Unidos)

Renunciar a las glorias del pasado nunca ha sido tarea fácil y no es un proceso por el que Disney, la fábrica de los sueños que bajo su indiscutible creatividad ha dado luz a numerosos clásicos de la industria del cine, parece estar dispuesta a atravesar. Motivada por ello y ya sin la posibilidad de seguir abriendo secuelas -que en algunas franquicias alcanzarían ya su cuarta entrega-, desde hace algún tiempo la productora decidió volver a la infancia de miles de personas y reversionar una a una sus películas de animación que conquistaron el corazón de niños y adultos.

Alicia en el país de las maravillas abrió la veda de estos nuevos proyectos de Disney y, aunque por el camino hemos podido disfrutar de largometrajes como Oz, un mundo de fantasía, no fue hasta la llegada de Maléfica y su tremendo éxito en taquilla el año pasado cuando la compañía de Hollywood descubrió todo el potencial que guardaba esta dirección creativa.

Hace sólo unos días que se estrenó Cenicienta, la versión en acción real que protagoniza la joven promesa Lily James y que llega dispuesta a alcanzar el número uno en todo el mundo después del éxito que se encuentra experimentando en Estados Unidos. Y no es para menos: Disney ha aprendido de los pequeños errores que cometió con la aventura protagonizada por la gran villana de su universo y que, aunque con un resultado agradable, alejaron a la peculiar hada y su periplo con la bella Aurora de dar la gran campanada, una meta que el cineasta Kenneth Branagh ha perseguido con total acierto contando la historia de Ella.

El argumento de la película es de sobra conocido por todos: con la muerte de su madre, la joven Ella debe aceptar el nuevo amor de su progenitor, quien arrastra a dos caprichosas hijas. Sin embargo, pronto la madrastra mostrará su verdadera y cruel cara en cuanto el padre de la futura princesa Disney fallezca en un terrible accidente. Afortunadamente, magia y amor se encontrarán en el camino de la apodada Cenicienta para conseguir alterar un destino a la sombra de su familia política como criada.

CenicientaAl menos, así fue cómo la productora nos narró la historia la anterior vez. En esta ocasión, no obstante, debemos tener claro que la cinta ha respetado el material original con asombrosa fidelidad y lo hace de una manera tan natural y tan bien llevada que la revisión del clásico cuento posee personalidad propia. Constantes referencias -canciones que tararea Lily James durante unos pocos segundos, las palabras mágicas de un hada madrina acertadamente espontánea gracias al buen hacer de Helena Bonham Carter, las escasas pero acertadas batallas entre el gato Lucifer y los ratones Gusgús y compañía- nos remitirán a nuestros recuerdos, pero el trabajo de Branagh va mucho más allá.

Y es que la obra apuesta por explicar algunas de las preguntas que o bien quedaron inconclusas en su momento o bien desde Disney no se quisieron explicar al encontrarse en una etapa donde el malo y los buenos no tenían motivo alguno para decantarse por un bando. ¿Por qué la crueldad de la madrastra? ¿Por qué Cenicienta soporta semejante maltrato? ¿Cómo es que su nueva familia no la reconoce en el baile del príncipe? Las respuestas encajan con tal perfección que perfectamente podrían ser escenas añadidas al metraje de 1950.

Todo ello, por supuesto, no hubiera sido posible sin el gran trabajo que ha realizado el reparto. La gran revelación de Cenicienta ha sido, sin duda, su protagonista. Lily James, quien ya ha demostrado su buen hacer en la serie británica Downton Abbey, brilla con luz propia en cada escena, una situación difícil si compartes plano con la oscarizada Cate Blanchett. Lily James es a Cenicienta lo que Angelina Jolie es a Maléfica. Ninguna otra intérprete puede ocupar sus personajes, independientemente de que el guión de una y otra haya evolucionado mejor o peor.

Una sensación parecida ocurre con Lady Tremaine. Cate Blanchett ha sabido llevar el personaje e imponer con su simple presencia, una actuación apoyada por una serie de secuencias muy bien llevadas a nivel técnico, como la llegada de la madrastra a la casa de Ella o el juego de luces y sombras del que hace gala una secuencia cerca del final y que protagoniza la malvada.

Cenicienta
El tira y afloja entre la madrastra y Ella es uno de los grandes aciertos de la película

Afortunadamente, la seriedad y el desarrollo de ambos personajes queda lejos de Anastasia (Holliday Grainger) y Drizella (Sophie McShera), las hermanastras de Ella y que básicamente se limitan a cumplir el mismo papel cómico y absurdo que el de las tres hadas que ayudan a Felipe y Aurora en Maléfica -uno de los principales fallos de esa película-, a pesar de que en esta ocasión no queda otro remedio, pues deben resultar desagradables para ahondar en la amargura de Lady Tremaine y ensalzar a la bondadosa Ella.

Richard Madden (Juego de Tronos) también ha conseguido llevar más allá su personaje con una actuación más que correcta. Sus facetas como soldado, príncipe, hijo y hombre son de agradecer, no sólo para poder conocer con profundidad al amor de Ella, sino también después de que su papel en la película de animación fuese anecdótico. Y la siempre espectacular Helena Bonham Carter, en su papel de una espontánea y joven hada madrina, aporta toda la magia que le pudiera faltar al filme.

Pero no sólo de actores y actrices notables se ha nutrido Cenicienta. Sin duda, el gran acierto de Kenneth Branagh ha sido apoyarse en todos y cada uno de los elementos que componen un largometraje. El guión de Chris Weitz no carece de sentido ni de ritmo y el trabajo con los diálogos se nota. Además, la llamativa banda sonora le sienta como anillo al dedo al empeño del director de enlazar secuenas elaboradas -la entrada de Ella al salón del baile, la huida en el carruaje mientras suenan las 12 campanadas o el propio baile con absolutamente todos los detalles cuidados-.

Por supuesto, los efectos especiales tampoco fallan. No son muy numerosos, lo cual es de agradecer en una industria cada vez más artificial y que se dirige en exceso a la espectacularidad gráfica, pero su aportación ofrece secuencias realmente mágicas -a resaltar la transformación del vestido roto en el clásico azul que todos conocemos-.

Cenicienta
La escena del baile es una de las más cuidadas a nivel visual, sonoro, de vestuario y de actuaciones

Muy criticadas han sido Aurora, Blancanieves o Cenicienta por la imagen de la mujer que han proyectado al público desde hace décadas, una tendencia que desde Disney han intentado modificar con Mulán, Mérida o Elsa y Ana, jóvenes guerreras y que no han necesitado el amor de un príncipe azul para lograr sus objetivos. La Cenicienta de Branagh demuestra lo equivocadas que estaban todas esas voces críticas. La Ella de Lily James realza la fortaleza de la mujer Disney y el príncipe únicamente es la mano a la que agarrarse una vez que ella y sólo ella, llena de personalidad y valores, decide salir de la pesadilla creada por su madrastra.

La toma de decisiones de uno mismo frente a lo que opinen o quieran los demás. La apreciación de los pequeños detalles de la vida en lugar de la acumulación de riqueza como camino a la felicidad. Son muchas las lecciones que guarda la aventura de Ella, pero, como en la cinta original, ser uno mismo es la gran moraleja que se reserva Cenicienta. Y es precisamente ahí donde radica su mayor encanto y acierto: esta nueva versión rodada en acción real es Cenicienta y, a diferencia de Maléfica, no modifica en exceso la historia ya creada hasta que, por error, termine pareciendo otra.

Por supuesto, la película no está exenta de fallos -la segunda mitad tiene un ritmo más rápido que la primera para aquellos espectadores que busquen espectáculo inmediato, por ejemplo-, pero son tantos los elementos acertados -una buena puesta en escena, un cuidado sobresaliente del escenario, el vestuario, la iluminación, los efectos especiales y el guión, un trabajo actoral excelente y respeto al metraje original, pero dándole un toque más moderno- que la conocida historia ha ganado en personalidad, evolución y profundidad.

Sin duda, Disney ha dado la gran campanada a la hora de adaptar sus clásicos atemporales a la acción real con Cenicienta.