Cómics y Animación

[Conociendo a…] Spirou

Spirou es un botones retirado y reportero que, en compañía de su ardilla Spip y de su amigo Fantasio, recorre medio mundo para luchar contra los más variopintos villanos

Nombre: Spirou

Primera aparición:
Le journal de Spirou # 1 (1938)

Creador:
Robert Velter (Rob-Vel)

Como ya he comentado en más de una ocasión, el cómic franco-belga marcó en gran medida el camino a seguir del tebeo español (escuela Bruguera), aunque, en realidad, su importancia va todavía más allá. Hundiendo sus raíces en los primeros experimentos de novela gráfica con el franco-suizo Rodolphe Töpffer (considerado como el padre de la historieta) y en las caricaturas satíricas del XIX forjadas al calor de la efervescencia política de la revolución francesa de 1830, constituye la cuna del cómic. Fue la tradición que entre finales del siglo XIX y principios del XX vio nacer series pioneras en el humor gráfico que lograron cierta estabilidad en sus publicaciones, como La Famille Fenouillard (1889-1893).

No obstante, tuvieron que pasar entre dos y tres de décadas del siglo pasado para que apareciesen las series más icónicas y longevas, de entre las cuales dos se alzan de forma indiscutible sobre el resto: Tintin (1919) y Spirou (1938), a partir del cual se creó la revista homónima (Le journal de Spirou). Hoy centraremos nuestra atención en este último.

El botones de Moustique Hôtel

Spirou apareció por primera vez en 1938 de la mano de Rob-Vel. No obstante, llama la atención de que no se representase a sí mismo en la historieta debut del personaje. En el plano ficticio, origen de Spirou se remonta a cuando Monsieur Papillon, director del Moustique Hôtel u Hotel Mosquito, decide acudir a un dibujante para que le “fabrique” al nuevo botones de su hotel. Éste, que al parecer era una caricatura de Luc Lafnet, amigo de Rob-Vel, roció a su lienzo una especie de sptray mágico que dio vida a la ilustración que había realizado. En el futuro estos orígenes serán revisados, pues en La infancia de Spirou (#38, 1987) se dice que fue abandonado de pequeño en la puerta del hotel. Con todo, todavía habrá algún guiño a estos orígenes, como se puede apreciar en la escena del psicoanalista en El hombre que no quería morir (#48, 2005), cuando el protagonista le describe un sueño recurrente en el que se veía a sí mismo dibujado por alguien.

El origen de Spirou.

De aspecto aniñado, expresión afable y andar vigoroso y enérgico (no en vano su nombre es un juego de palabras del valón que significa tanto ardilla como niño revoltoso), la “criatura” surgida del lienzo destacaba por encima de todo por su clásico uniforme de botones de hotel francés de la época. Este se componía de un pantalón rojo con dos bandas negras a cada lado y una chaqueta del mismo color abrochada por dos filas de botones dorados (poco después se simplificó en una sola) rematada en dos tiras negras en los hombros y cuello largo. Su vestuario se complementaba con guantes blancos, calzado bicolor típico de los años treinta (conocido en inglés como Spectator Shoe) y, sobre todo, su icónico gorro cilíndrico de color rojo surcado por una banda negra y sujeta a aquél por otros dos botones dorados.

Sus historietas solían acabar con más de un percance.

Debido a que la primera década de producción (la etapa pre-Franquin) permanece inédita en España, son pocos los detalles que aquí conocemos. Al principio las historietas, de corta extensión y de gags sencillos y directos, giraban en torno a su trabajo como asistente del hotel. Estos consistían en las tareas más diversas (las cuales en ocasiones iban más allá de las atribuciones de un botones) y solían terminar de forma accidentada, demostrando con ello una considerable falta de fortuna y de pericia por parte del protagonista. En ocasiones era él mismo quien, en desacuerdo con la naturaleza de los encargos que le habían encomendado, decidía actuar por su cuenta. Con todo, cada vez fue más habitual verle abandonar las cuatro paredes del hotel para vivir aventuras en lugares exóticos como la selva africana o incluso el espacio exterior, haciendo así sus primeras incursiones en la ciencia-ficción que serán cada vez más frecuentes en la serie regular.

Spirou en la selva africana.

Visitando otros planetas.

Fue así como conoció a Spip, una ardilla que rescató de un científico loco y que desde entonces se convirtió en su compañera inseparable. Asimismo, durante la etapa de Jijé (Rob-Vel había sido reemplazado temporalmente por distintos autores cuando se enroló para combatir en la Segunda Guerra Mundial, incluyendo a su mujer Davine, el citado Luc lafnet y el propio Jijé, quien a la postre le sustituiría definitivamente) Fantasio se convirtió en un personaje habitual en la historieta. Hasta tal punto fue así que este personaje alto, rubio y de cierta alopecia prematura terminaría añadiendo su propio nombre al título de la serie, renombrada como Spirou y Fantasio. En lo que respecta a Spirou, el nuevo autor le añadió un flequillo algo más largo y hacia arriba, a modo de tupé, a la vez que se volvía más pelirrojo que rubio, estética que seguirían (y realzarían) los dibujantes posteriores.

Spirou salva a Spip.

Con Jijé debuta Fantasio.

De botones a reportero

Cuando André Franquin tomó las riendas de la serie como dibujante y guionista (entre 1951 y 1968, aunque hacía historietas cortas para la serie desde 1946) Spirou y su serie llegaron a la mayoría de edad. Sus aventuras ganaron en complejidad argumental y en cierta coherencia interna, ya que desde entonces fueron frecuentes las referencias a álbumes anteriores, a la vez que surgieron  de su pluma buena parte de los personajes más importantes. Es el caso de Pacóme o Pacomio (el anciano conde de Champignac e inventor especializado en el desarrollo de setas de propiedades milagrosas), Zorglub (un antiguo colega del conde bastante megalómano), el Marsupilami (una especie ficticia similar a un lémur de larga cola y con habilidades casi ilimitadas, y que desapareció tras la marcha de Franqui hasta que la editorial Dupuis se hizo con sus derechos el año pasado), Zantafio (el malvado primo de Fantasio), y Seccotine (una joven periodista y gran competidora de Fantasio a nivel laboral) entre otros. Además, Spip cobró mayor personalidad, destacando por su fuerte genio (al principio hablaba directamente con su dueño, pero poco después Franquin se limitó a exponer sus pensamientos sin que se enterasen los humanos, al estilo de Garfield) y su facilidad para repartir mordiscos a diestro y siniestro.

Escena con el Marsupilami y el conde.


Su capacidad de decisión es clave.

Pero, como he mencionado en primer lugar, esa “mayoría de edad” también alcanzó al propio protagonista. En sus primeras aventuras todavía vemos a un Spirou de apariencia algo infantilizada que aún mantiene tratos con los niños de la escuela (Spirou sube al ring, dentro del álbum 4 aventuras de spirou y Fantasio -#1, 1949-), pero que se terminaría convirtiendo en un aventurero consumado. En ese sentido cabe destacar su contraste de carácter con su amigo Fantasio, actuando el uno como complemento del otro. Mientras que este último presenta una personalidad más alocada, irascible e impulsiva, aquél conserva su naturaleza afable y despreocupada, así como una calma y sangre fría que le lleva a sopesar las consecuencias de sus decisiones, aunque una vez tomadas está dispuesto a seguir hasta el final, haciendo así gala de una inquebrantable resolución. En lo que ambos coinciden es en su honradez y su voluntad de actuar en favor de la justicia, pues ambos se pasaban el tiempo viajando de un lado a otro y enfrentándose a distintos villanos y organizaciones criminales y jamás se les ocurre llegar a componendas con ellos si pueden evitarlo. Eso no le impide conservar el altruismo propio de los héroes de la Edad de Oro, pues Spirou está dispuesto a salvar la vida de hasta su peor enemigo si en algún momento lo ve en peligro de muerte, así como su moral intachable (es abstemio y no fumador).

A Spirou le cuesta menos conservar la calma que a Fantasio.

Pese a todo, pasará un tiempo hasta que sepamos cómo se gana la vida una vez abandonado su oficio de botones. Aunque pronto se menciona que ambos trabajan como reporteros para El Mosquito (curiosamente se llama igual que el Hotel), es Fantasio a quien le vemos haciendo todo el papel de periodista. Quizás se deba al ya citado carácter despreocupado de Spirou en contraste con el de aquél, pues a menudo se ve abrumado por la frustración y las preocupaciones. En todo caso, raramente le veremos ejercer como tal ni acudir a la redacción, aunque, hacia la segunda mitad de la colección veremos a Fantasio lamentarse de cómo su compañero recibe todo el mérito al dar las conferencias de sus trabajos conjuntos, llevándose así todo el mérito. Al mismo tiempo, tampoco queda muy claro dónde viven pues, si bien a veces los autores muestran que viven juntos, en otras historietas se aprecia que habitan en sus respectivas casas (sobre todo al principio y al final de la colección).

Aquí se refiere a ambos como reporteros (y se ve a un Spirou más juiciosoque su amigo).

Modernización progresiva y forzada vuelta al pasado

Spirou con ropa actual.

Una de las cosas que más llaman la atención es el hecho de que continúe llevando el uniforme del hotel a pesar de llevar mucho tiempo desvinculado del mismo, lo cual constituye todo un anacronismo. En ocasiones, este fenómeno provocará alguna situación cómica, como que le confundan con un “criado” o que le llamen “botones” a modo de sobrenombre aunque ya no lo sea. En La infancia de Spirou (uno de los pocos números en los que se le ve trabajar), de Tome y Janry, éste explica que lo seguía llevando por pura costumbre, pero que dejó de hacerlo por ser confundido con un verdadero botones y obligare a trabajar de nuevo en un hotel. De hecho, su vestimenta se fue actualizando progresivamente tras la marcha de Franquin y la llegada de Fournier y los autores sucesivos. Empezó por llevar un jersey blanco de cuello alto y chaqueta roja de cremallera en lugar de su uniforme de botones tradicional, aunque conservaba los pantalones, su viejo calzado y, según en qué aventuras, su famoso gorro. Este proceso culminó en los primeros años del siglo XXI,  cuando adquirió una vestimenta netamente moderna: camiseta, vaqueros y deportivas, al tiempo que su carácter volvía algo más serio e impulsivo y comenzaba a enamorar a las chicas (Seccotine entre ellas), en clara correspondencia con una historia más oscura y adulta.

Explicando por qué dejó el uniforme.

No obstante, y quizás en un desesperado intento de recuperar el canon de Franquin en un momento en el que parecía que la serie había perdido el norte entre tanto bandazo estilístico, en Los orígenes de la Z (#50, 2008) Yann y Munuera decidieron traer al presente al Spirou de la época de Spirou sube al ring. De este modo, convertían al protagonista que habíamos conocido en un hombre mayor casado al quedar atrapado en el pasado (lo cual hacía más inexplicable que durante todas esas décadas no hubiera envejecido ni un ápice ni que en ese nuevo “presente” contase con más de cien años, al sumar lo vivido en ambas realidades). Esta cabriola argumental daba al traste con la tímida evolución que había experimentado el personaje durante todas estas décadas y forzaba al lector a asumir que, a ojos del Spirou, ningún suceso desde el primer volumen de la colección había tenido lugar (aunque sí para Fantasio, que fue el “culpable” de esa paradoja temporal). Aunque parece que en el tomo siguiente (La amenaza de los Zorquetes, de Vehlmann y Yoann) los nuevos autores daban continuidad a esta decisión cuando Fantasio achaca a “otro continuo espacio-temporal” el desconocimiento de su amigo sobre cierto dato del pasado inmediato, las referencias a aventuras pasadas en los siguientes álbumes (y que no deberían recordarse en la nueva realidad espacio-temporal al haber sido alterado) podrían sugerir un intento de dar marcha atrás a ese desaguisado (francamente, eso espero).

Traigamos al Spirou antiguo y aquí no ha pasado nada.

Conclusión y Recomendaciones

Spirou era un botones del Hotel Mosquito que terminó trabajando como reportero del periódico homónimo, si bien continuó llevando el mismo uniforme durante bastante tiempo. Pese a que su carácter es bastante genérico (el típico héroe de cómic que sólo busca hacer el bien y carece de defectos destacables), el interés de la serie radica en la ingente cantidad de aventuras vividas junto con su fiel ardilla Spip y su mejor amigo Fantasio (y, ocasionalmente, con otros personajes como el Marsupilami o el conde de Champignac). Su evolución estilística en cuanto a personaje parece haberse parado en seco en favor de un Spirou más clásico.

Con cerca de ochenta años de vida, Spirou y Fantasio se cuenta entre las series en activo más longevas de la historia del cómic europeo y mundial. Ha dejado una huella indeleble en la cultura popular, tanto que es imposible reseñarla en un artículo que ya de por sí se está alargando demasiado. Tan sólo destacaré que hay una película de acción real en proceso de rodaje, de la cual acaban de publicar las primeras imágenes hace apenas unos días. Thomas Soliveres y Alex Lutz harán de Spirou y Fantasio respectivamente, y está dirigida por Alexander Segura. Su estreno se prevé para el 21 de febrero de 2018.

Thomas Soliveres dando vida a Spirou.

Por lo que respecta a los cómics, y como ya dije más arriba, la etapa de Rob-Vel y Jijé nunca fue publicada por estos lares. No obstante, si algún lector domina el francés puede interesarle conocer que la editorial Dupuis publicó dos tomos que recogen todas estas historietas, uno para cada autor.

Spirou de Rob-Vel (en francés).

Spirou de Jijé (en francés).

Volviendo a España, y obviando El pequeño Spirou (un spìn-off bastante diferente a la serie canónica, motivo por el cual no lo he mencionado), fue Ediciones Junior el primero en publicar las aventuras de Spirou y Fantasio de forma duradera (en los años 60 Jaimes publicó tan sólo doce cuadernillos, al que, por cierto, llamaban Espirú), alcanzando un total de 45 números publicados entre 1982 y 1996. Eso sí, cuenta con el grave inconveniente de que fueron publicados de forma desordenada, todo un fastidio si tenemos en cuenta que, aunque en su mayoría son autoconclusivos, muchos están relacionados de alguna manera entre sí o, al menos, cuentan con multitud de referencias a títulos pasados.

Spirou y Fantasio Junior #1.

Spirou y Fantasio Junior #45.

Para seguir a partir de donde lo deja Ediciones Junior, hay que irse a las publicaciones de Planeta DeAgostini, quien publicó entre 2008 y 2011 ocho ejemplares sin numeración, orden ni periodicidad. Mezcla algunos capítulos de la serie principal (los comprendidos entre los números 46 y 50, además de algunos antiguos) con los de Une aventure de Spirou et Fantasio par… o Le Spirou de… (un spin-off donde diversos autores podían crear sus propias aventuras de estos personajes sin que interfiriesen en la saga canónica). Y si se quiere ir más allá, se debe cambiar a Dibbuks, donde tienen publicados del 51 al 53 (lo cual no está mal si tenemos en cuenta que en Francia van por el 55).

Spirou y Fantasio, DeAgostini (sin número).

Spirou y Fantasio, Dibbuks #51.

Para enredar aún más las cosas, si queremos seguir la serie en el orden original y en español (o, al menos, no rebuscar en el mercado de segunda mano en pos de los álbumes ochenteros de Ediciones Junior) tendremos que seguir una colección un poco extraña. Se trata de los integrales de Dibbuks. Aunque esta sí seguirá el orden correcto y contará con material inédito sacado de Le Journal de Spirou, su primer numero fue el 12 (que incluye tres historietas aparecidas entre 1981 y1983) y, tras alcanzar este año el 16 (que llega hasta 1999, en su fase más “experimental” con La máquina que sueña -#46-, que había quedado en tierra de nadie al no ser incluido ni por Ediciones Junior ni por Planeta DeAgostini) , se prevé que en noviembre se publique el número 1 con los primeros años de Franquin. Un lío, vamos.

Integral de Dibbuks, #16 (sic).


Comentarios

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  1. Lo del viaje en el tiempo para resetear al personaje es tan ridículo como el trato con Mephisto en la serie de Spider-man para resetearlo a él.